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martes, 19 de agosto de 2014

036 * Una crítica de la política económica española actual (8-2014)

Joaquim-Andreu Monzón Graupera

Universitat de Barcelona

La redacción de una presentación de la entrada posterior en este blog (la 037.) nos ha generado como subproducto casi automático la elaboración de unas breves notas (que exponemos a continuación en esta entrada 036.) debido al profundo desacuerdo que mantenemos con respecto a la política económica española actual.

Somos perfectamente conscientes que la delgada barandilla económica sobre la que estamos caminando con venda en los ojos por imposición de la Troika, nos obliga de forma casi obligatoria al seguimiento de una no muy ancha senda entre cuyos márgenes el Gobierno ha escogido claramente transitar por el lado más insolidario y de ampliación de desigualdades (no podía esperarse otra actuación, de la ideología y del signo político del presente Gobierno). 

Otro asunto a valorar es si: a) la ideología; y b) la propia conveniencia del Gobierno y del partido que lo sustenta, son dos elementos que van de la mano a largo plazo, como comentaremos después.

Entendemos que la evolución positiva de la economía española a un año/dos años vista, depende de varias evoluciones concatenadas:

1) Que el euro -actualmente demasiado fuerte- se debilite; 

2) que las importaciones se contengan, las exportaciones renazcan y a la vez suba el consumo interno -tendencias las tres últimas actualmente incompatibles, según parece, debido a nuestra rigidez estructural:

3) que también se produzca algo de crecimiento económico, sin que a la par suceda que dejemos esta situación de cuasi-deflación (mala) y la cambiemos haciendo de aprendices de brujo pasando a una inflación excesiva (peor);

4) esta última aumentaría fuertemente los tipos de interés nominales de carácter activo (actualmente ya altos por las fuertes primas financieras de riesgo que interiorizan); tipos de interés alto que agostarían durante bastante tiempo la necesaria mejora del volumen del crédito bancario, impidiendo el: 

5) muy conveniente aumento de la inversión empresarial, cabeza tractora de una recuperación económica sana a largo plazo.

Aquí se adivinan varios círculos viciosos que costará mucho romper. Y no hay ningún círculo virtuoso que compense -ni siquiera parcialmente- los círculos viciosos que tememos. 

¿O es que pensamos que algún círculo virtuoso se producirá gracias a la mejora del turismo y a un mínimo renacimiento de la construcción? [un modelo de negocio fácil y ya conocido].

Por desgracia en España no se han sabido preservar mínimamente las bases para que se produzca un crecimiento económico sólido a largo plazo, entre otros aspectos, a causa de que no se han realizado ni mucho menos suficientes inversiones en intangibles asociadas a la formación, la educación, la investigación, el desarrollo y la innovación, inversiones que son de ciclo muy lento y con respecto a sus resultados, el elector común normalmente pierde la memoria de la relación causa-efecto.

El Gobierno español (el actual y también el anterior) ha actuado muy equivocadamente en este campo, mediante palancas y mecanismos presupuestarios que hubiese podido orientar mejor si hubiese querido.

Sin todo ello parece que el presente conato de recuperación (de momento sólo parece verlo la plana mayor del Gobierno) no podrá surgir de verdad. Nos preguntamos qué inventarán en septiembre para continuar con su ilusionismo económico. Por que la barata comparación -vendida como un triunfo- de nuestra evolución económica con el estancamiento que por distintas razones sufren Francia y Alemania, no debería proporcionarnos consuelo alguno.

Parece evidente que las políticas económicas cuyo ciclo de recogida de frutos cae del lado “de la legislatura siguiente” o de la “siguiente de la siguiente” se olvidan claramente y en forma sistemática a favor de actuaciones de efecto inmediato (suponemos que piensan que es mejor la amputación sin más anestesia que las buenas palabras, que la cirugía reparativa. O eso parecen pensar algunos en el campo aplicado de las políticas económicas y sociales). 

Todos sabemos que los dirigentes políticos de países democráticos sólo piensan en el plazo presente de legislatura y en su reelección; para saber proyectar la actuación política sobre varias legislaturas consecutivas -con reelección o no- hay que ser hombres -o mujeres- de Estado. 

Dentro de una clara evolución hacia la degradación política, compárese el modelo de hombre -o mujer- "de Estado" con el grupo humano dirigente del que disfrutamos en este país. Sobran las palabras.

El Gobierno ignora expresamente algunas políticas verticales cercanas a la comprensión y los intereses de la gente común (una política fiscal, para que se pudiera redistribuir el esfuerzo fiscal y además eliminar progresivamente el enorme fraude que padecemos; una política industrial que pudiera merecer dignamente este nombre; de la política energética y sus despropósitos nos hemos ocupado brevemente en la entrada 31. de este blog).

Las políticas horizontales -como son la política de empleo, la política salarial, la política sanitaria, la política social- se adoptan -aunque con grandes protestas, amagando informativamente en sentido contrario, con el objeto de despistar a los ciudadanos- con el fin último de propiciar la desigualación progresiva de la renta per cápita por clases sociales).

Es evidente que varios millones de personas en España, por la simple causa de este conjunto de medidas, están viviendo peor que antes del inicio de la crisis (2007-08) y en el futuro deteriorarán más su nivel de vida y vivirán peor y más precariamente. 

Nos gustaría romper una lanza por la Política Económica como disciplina que debería orientar decisiones y conductas de empresarios y consumidores. Y por la posibilidad teórica de estudiar seriamente políticas económicas alternativas: unas, se reputarán como malas. Otras como mediocres, puede ser. La ideología hace milagros en eso de descartar políticas o adoptar una. Lo que aguanta un papel, no lo aguanta nada más. 

Pero... alguna combinación de política económica habrá que sea buena –o al menos, aceptable. No sabemos si hay alguna que sea superior a las demás en todos los campos, independientemente de la ideología. Seguramente, no. 

No obstante, se podría buscar la combinación de actuaciones que proporcionaran lo mejor, al mayor número. Según mi opinión, es seguro que, de existir dicha combinación, no coincidiría ni de lejos con la combinación de políticas económicas que ha adoptado este Gobierno.

El Gobierno español, a nuestro parecer mantiene unas prioridades muy equivocadas. Siempre alude a que la política que se sigue es la única posible, cuando a cualquier estudiante de primer o de segundo curso de Economía los abnegados profesores de la materia le enseñan detalladamente que, una vez fijados unos objetivos realistas y aceptables para el mayor número, puede haber varios haces o gavillas de políticas económicas distintas que es posible analizar, descartar o ser seleccionadas como herramientas; es decir, como camino o caminos para llegar a los fines previstos.

La política está para fijar los objetivos y elegir entre las alternativas; es allí donde deberían fijarse las preferencias; al político le escogen para lograr el bien común, no el de una casta particular. Aunque la situación presente proporcione otra impresión a quien sepa leer entre líneas y pueda separar el grano de la paja. 

La fijación de las alternativas elegidas para implementar la consecución de los objetivos determinados previamente y con transparencia, debería ser un trabajo de cariz más técnico. Por desgracia también en la realidad siempre se acaba metiendo la prioridad política a la hora de elegir entre alternativas, de la misma manera como entra el humo por debajo de una puerta.

Gobernar es elegir. Es saber elegir; y no puede darse por supuesto que no tenemos ninguna posibilidad de elección. No sabemos si quienes dicen eso una y otra vez ("no hay elección: es la única política posible") lo hacen con el convencimiento de que hay que convertir irreversiblemente la mayoría social a la religión del fatalismo masoquista. Existen sobrados mecanismos e instrumentos indirectos de carácter anestesiante para el logro de dicha conversión. Creo que se entiende claramente lo que intentamos expresar.

Si no hubiera elección posible y solo existiera una alternativa para la solución de cualquier problema político y todos los aspectos pudieran cuantificarse, sería factible delegar la toma de decisiones a un gran ordenador; pero no parece que los que mandan tuvieran mucha intención de acceder a estos automatismos si no controlaran plenamente el proceso.

El primer problema de la política económica es la claridad y la transparencia con la que 1) deben definirse los objetivos y 2) debe elegirse una entre las alternativas que existen. Para lograr dichas cualidades hay que poner metafóricamente los objetivos previstos en una urna transparente, para que todos seamos capaces de verlos y criticarlos, en lugar de echar continuamente cortinas de humo suavizadoras o claramente equívocas, mientras se actúa descaradamente en contra de los intereses de la mayoría de la gente.

Hemos insinuado antes que la gran restricción al fijar los objetivos -sin expresarlo claramente, excepto cuando conviene pasar el muerto a terceros- es no despertar las iras de la ortodoxia económica internacional.

De ahí que el aumento del empleo y la reducción de la tasa de paro (posibles objetivos que al estilo de una "moto-sidecar" desde hace varios años deberían formar parte de los fines de primerísimo nivel de la política económica española) resultan meros subproductos de las políticas que está siguiendo el Gobierno.

Sus responsables rezan para que se reduzca dicha tasa de paro y para que aumente el empleo como mágicas consecuencias derivadas de poleas transmisoras de cuarto o quinto nivel; más que nada porque los asesores áulicos del presidente del Gobierno ven gravemente comprometida su reelección en 2015, debido a la lentísima evolución de la mejora económica. La preocupación es por mero interés; en absoluto es sincera.

Resulta una incógnita cómo puede acabar este experimento político-social. Ruego perdón por la gráfica analogía que sigue: jamás, en tiempos modernos, se habían clavado tantas espuelas -y tan profundamente- en los ijares de tanta gente. 

Parece que el objetivo político básico de cierta clase dirigente, ha sido y es: realinear las expectativas de las clases media, media baja y baja con las que "todo grupo humano conformista y dúctil debe albergar". Y realinear expectativas es la forma como se consigue la posterior aceptación resignada de las realidades.

El conato del Estado del Bienestar que en este país del Sur de Europa se había logrado antes de 2007, no iba precisamente en la dirección actual. 

La conocida y perversa idea: "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", se repite por parte del Poder como un mantra que incluso muchas personas plenamente perjudicadas han acabado asumiendo plenamente como una verdad, en forma autoinculpatoria y conformista.

Y en la etapa política final -la de la venta de los resultados- sucede que donde no llegan las realidades, han de arribar los bibirloques dialécticos y la descarada manipulación de las estadísticas -en unos casos- y de su interpretación-en otras muchas situaciones. 

Se puede decir que ningún dirigente de cualquier partido político con gobierno real -o con aspiraciones de tenerlo- es inmune al uso de la diplomacia expresiva. Más que dedicarse a trabajar denodada y honestamente en favor de los intereses de todos los electores, demasiados políticos al uso se dedican a: "propagar, denigrar -a otros- persuadir, suavizar, disimular, quitar importancia, diferir, reinterpretar, reescribir la historia"... lo que por desgracia, bien podría ser un inventario de leit-motiv de conducta política real. Desgraciadamente a esto es a lo que hemos llegado. 

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Así como nunca existe una única alternativa de política económica aplicable en forma fatalista, también hay muchos tipos de economistas. Además de los que alaban la mano férrea del Gobierno, también existen los que se dedican plenamente a la crítica de la política económica española y lo están haciendo mucho más profunda, especializada y ampliamente de lo que en la presente entrada hemos podido ofrecer: meras impresiones y opiniones críticas.

Aunque existen otras fuentes de crítica que seguramente los lectores ya conocen, pensamos que la reflexión sobre los escritos de "Economistas frente a la crisis" sería adecuada para los progresistas y los descontentos con la situación actual: